Nos robaron la tranquilidad

Cuando caminamos por una calle poco transitada nos ponemos en alerta por el temor a ser sorprendidos por algún maleante; desde un par de décadas hemos tenido que modificar algunos hábitos para mitigar riesgos y hoy día destinamos parte del gasto familiar para proveernos de seguridad.

Si bien la función primaria de un Estado o Nación es brindar seguridad a sus habitantes, desafortunadamente no podemos confiarnos de todo a las instituciones estatales, y por eso invertimos en un bien clave para nuestro patrimonio y tranquilidad familiar: en la seguridad.

En lo que toca a la llamada Seguridad Social, tampoco podemos confiarnos sólo a lo que haga el Estado, pues tanto los servicios de salud como prestaciones económicas y sociales como las pensiones, también pueden estar en riesgo por diferentes situaciones.

En principio, acceder a la seguridad social depende de tener un empleo formal; caso contrario hay que pagar, o bien sujetarse a la cobertura del Seguro Popular en materia de salud o a la ayuda para adultos mayores (70 y más) como pensión.

También el mercado tiene diversas ofertas, en lo que toca a salud a través de seguros de gastos médicos, mayores y menores, o seguros de retiro y rentas vitalicias para pensiones.

La nueva realidad demográfica de México es que viviremos más años y por tanto enfrentaremos enfermedades más complejas propias de la vejez, cuyos tratamientos suelen ser más costosos.

Así que resolver estos desafíos en el seno familiar es de toda relevancia para nuestra tranquilidad, y en especial para no poner en riesgo el patrimonio de llegar a presentarse un incidente de salud o en su momento enfrentar el retiro de la vida laboral.

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El prestigio: un activo clave pero frágil

El prestigio es sin duda parte del patrimonio familiar; hay quienes pueden llegar a excesos con tal de salvaguardar el “apellido” familiar, no obstante sí existe un peso específico para cada familia en cada grupo social en lo que respecta a su reputación, ya sea de manera inmediata o futura, el prestigio se puede convertir en un activo de relevancia.

Algo que nos recomiendan psicólogos y especialistas en formación infantil es inculcar a nuestros hijos el valor de la responsabilidad, y como en todo, se debe predicar con el ejemplo. En este sentido, toda inversión que contribuya a la actuación responsable de la familia será de gran ayuda.

Si bien no se puede vivir sólo del nombre o el apellido, es de gran utilidad generar un modo habitual de proceder en la familia: con honestidad, nobleza, solidaridad, alegría, etc. Lo importante es generar una convicción colectiva que contribuya a establecer un código de ética familiar, sin necesidad de escribirlo, y que sea un soporte para la vida cotidiana de los miembros de la familia; esto es vivir con consistencia los valores familiares.

Ahora bien, no importa lo que se haga durante años, incluso generaciones, una mala decisión puede echar por tierra todo lo construido en torno al prestigio, familiar, de ahí la importancia de practicar de manera constante un mismo código de conducta familiar.

La mejor manera de invertir en este tema del prestigio familiar es promover la consistencia entre lo que se dice y lo que se hace, tomando decisiones adecuadas y respaldándolas en todo sentido; a veces es muy fácil adoptar un compromiso y muy difícil cumplirlo; nada más dañino que incumplir, y eso incluye nuestros compromisos con el fisco para el pago de impuestos, o los contratos que podamos suscribir con clientes o proveedores.

Quien internaliza está capacidad de contribuir de manera colectiva y sistémica al prestigio familiar, lo hará para su empresa u organización.

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El placer de compartir

Antonio Simancas López

Cuando se decide formar una familia existen diversas motivaciones, muchas de ellas transitan por el humano deseo de la trascendencia, lo que implica buscar el logro de metas, hacer planes, aunque no necesariamente se escriban, pero lo más importante es que a partir del momento de fundación de una familia, es decir al inicio del matrimonio, comienza una experiencia humana clave para nuestra civilización: compartir.

Los tiempos actuales han exacerbado el individualismo y el materialismo, lo que ha complicado esta idea de compartir con otros, ya no se diga lo que corresponde a la pertenencia individual, sino a la colectiva, lo que se conoce como el Bien Común; y entonces enfrentamos problemas para compartir espacios públicos: la calle, los parques, el aire que respiramos.

Bajo estas condiciones resulta difícil tomar conciencia de la relevancia de compartir, y que es en la familia, núcleo de toda sociedad, en donde mejor se aprende y se ejerce; cuando esto no sucede de la mejor forma enfrentamos crisis tan complejas, como la que hoy día ha desvirtuado la jerarquía de nuestros principales valores humanos; y entonces las sociedades terminan por cambiar.

Añorar tiempos pasados es una acción inútil en sí misma, reflexionar sobre la historia para incidir en nuestro destino hacia futuro puede ser de mayor valía; así entonces, muchos se lamentarán en el futuro de haber cedido a la “ola” de las tendencias, de los que “hacen las mayorías” por no darse un tiempo adecuado para pensar con claridad y tomar decisiones que en verdad modifiquen el rumbo actual de sus vidas.

La vida en familia ha sido trastocada con total fuerza por los acontecimientos y las confusiones que privan actualmente, pero eso no significa que no haya nada por hacer; aun desde un enfoque materialista, un tema de toda relevancia para la “protección” de la vida en familia es, sin duda alguna, generar un patrimonio.

Es claro que prácticamente nada es totalmente seguro, por lo que conseguir certidumbre resulta muy difícil, de ahí que la mejor forma de eliminar la incertidumbre sea revelar cuanto sea posible los escenarios futuros y tomar mediadas a tiempo; en especial, hacer las previsiones necesarias para acrecentar un patrimonio que brinde mayor futuro a nuestra vida familiar.

El patrimonio es el conjunto de bienes o derechos que generan algún valor para una o más personas, por lo que el patrimonio familiar se refiere a los bienes y derechos comunes a quienes integran la familia, y que permiten preservar y mejorar la vida en familia, lo que indudablemente está ligado a un plan o proyecto de vida en conjunto.

En términos generales, podemos decir que el patrimonio familiar  son aquellos bienes y derechos que contribuyen a respaldar ciertos aspectos de la vida en familia como son: salud, educación, ingreso, seguridad, bienes muebles e inmuebles, ahorro, pensión y prestigio. Este patrimonio pertenece a la familia, por ello la responsabilidad de integración y uso debe compartirse.

Compartir es sin duda un placer, sobre todo para quienes somos padres; sin duda que es parte de la madurez; pues de pequeños nos gusta que nos den regalos y cuando crecemos encontramos mayor felicidad en darlos. Así pues, contribuir a incrementar el patrimonio familiar es una dicha y placer que se comparte en familia, cómo debe de ser.