El prestigio: un activo clave pero frágil

El prestigio es sin duda parte del patrimonio familiar; hay quienes pueden llegar a excesos con tal de salvaguardar el “apellido” familiar, no obstante sí existe un peso específico para cada familia en cada grupo social en lo que respecta a su reputación, ya sea de manera inmediata o futura, el prestigio se puede convertir en un activo de relevancia.

Algo que nos recomiendan psicólogos y especialistas en formación infantil es inculcar a nuestros hijos el valor de la responsabilidad, y como en todo, se debe predicar con el ejemplo. En este sentido, toda inversión que contribuya a la actuación responsable de la familia será de gran ayuda.

Si bien no se puede vivir sólo del nombre o el apellido, es de gran utilidad generar un modo habitual de proceder en la familia: con honestidad, nobleza, solidaridad, alegría, etc. Lo importante es generar una convicción colectiva que contribuya a establecer un código de ética familiar, sin necesidad de escribirlo, y que sea un soporte para la vida cotidiana de los miembros de la familia; esto es vivir con consistencia los valores familiares.

Ahora bien, no importa lo que se haga durante años, incluso generaciones, una mala decisión puede echar por tierra todo lo construido en torno al prestigio, familiar, de ahí la importancia de practicar de manera constante un mismo código de conducta familiar.

La mejor manera de invertir en este tema del prestigio familiar es promover la consistencia entre lo que se dice y lo que se hace, tomando decisiones adecuadas y respaldándolas en todo sentido; a veces es muy fácil adoptar un compromiso y muy difícil cumplirlo; nada más dañino que incumplir, y eso incluye nuestros compromisos con el fisco para el pago de impuestos, o los contratos que podamos suscribir con clientes o proveedores.

Quien internaliza está capacidad de contribuir de manera colectiva y sistémica al prestigio familiar, lo hará para su empresa u organización.

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