El placer de compartir

Antonio Simancas López

Cuando se decide formar una familia existen diversas motivaciones, muchas de ellas transitan por el humano deseo de la trascendencia, lo que implica buscar el logro de metas, hacer planes, aunque no necesariamente se escriban, pero lo más importante es que a partir del momento de fundación de una familia, es decir al inicio del matrimonio, comienza una experiencia humana clave para nuestra civilización: compartir.

Los tiempos actuales han exacerbado el individualismo y el materialismo, lo que ha complicado esta idea de compartir con otros, ya no se diga lo que corresponde a la pertenencia individual, sino a la colectiva, lo que se conoce como el Bien Común; y entonces enfrentamos problemas para compartir espacios públicos: la calle, los parques, el aire que respiramos.

Bajo estas condiciones resulta difícil tomar conciencia de la relevancia de compartir, y que es en la familia, núcleo de toda sociedad, en donde mejor se aprende y se ejerce; cuando esto no sucede de la mejor forma enfrentamos crisis tan complejas, como la que hoy día ha desvirtuado la jerarquía de nuestros principales valores humanos; y entonces las sociedades terminan por cambiar.

Añorar tiempos pasados es una acción inútil en sí misma, reflexionar sobre la historia para incidir en nuestro destino hacia futuro puede ser de mayor valía; así entonces, muchos se lamentarán en el futuro de haber cedido a la “ola” de las tendencias, de los que “hacen las mayorías” por no darse un tiempo adecuado para pensar con claridad y tomar decisiones que en verdad modifiquen el rumbo actual de sus vidas.

La vida en familia ha sido trastocada con total fuerza por los acontecimientos y las confusiones que privan actualmente, pero eso no significa que no haya nada por hacer; aun desde un enfoque materialista, un tema de toda relevancia para la “protección” de la vida en familia es, sin duda alguna, generar un patrimonio.

Es claro que prácticamente nada es totalmente seguro, por lo que conseguir certidumbre resulta muy difícil, de ahí que la mejor forma de eliminar la incertidumbre sea revelar cuanto sea posible los escenarios futuros y tomar mediadas a tiempo; en especial, hacer las previsiones necesarias para acrecentar un patrimonio que brinde mayor futuro a nuestra vida familiar.

El patrimonio es el conjunto de bienes o derechos que generan algún valor para una o más personas, por lo que el patrimonio familiar se refiere a los bienes y derechos comunes a quienes integran la familia, y que permiten preservar y mejorar la vida en familia, lo que indudablemente está ligado a un plan o proyecto de vida en conjunto.

En términos generales, podemos decir que el patrimonio familiar  son aquellos bienes y derechos que contribuyen a respaldar ciertos aspectos de la vida en familia como son: salud, educación, ingreso, seguridad, bienes muebles e inmuebles, ahorro, pensión y prestigio. Este patrimonio pertenece a la familia, por ello la responsabilidad de integración y uso debe compartirse.

Compartir es sin duda un placer, sobre todo para quienes somos padres; sin duda que es parte de la madurez; pues de pequeños nos gusta que nos den regalos y cuando crecemos encontramos mayor felicidad en darlos. Así pues, contribuir a incrementar el patrimonio familiar es una dicha y placer que se comparte en familia, cómo debe de ser.

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